miércoles, 11 de febrero de 2026

¿Y si el abandono escolar no fuera una decisión, sino el resultado de una mochila que pesa demasiado?



¿Y si el abandono escolar no fuera una decisión, sino el resultado de una mochila que pesa demasiado?


El miércoles 11 de febrero tuve la oportunidad de presentar ante mis compañeros y compañeras del máster del profesorado,  la unidad didáctica “Conectar para cuidar: atención psicosocial en acción”. No fue una exposición al uso, sino una experiencia pensada para sentirse, pensarse y compartirse.




La presentación fue concebida como un relato pedagógico, donde cada diapositiva guiaba al grupo a través del sentido de la unidad: desde la contextualización en un entorno educativo real, hasta la necesidad de trabajar la atención psicosocial como un eje clave para la inclusión, la prevención del abandono escolar y el bienestar emocional del alumnado.





A lo largo de la exposición se explicó el enfoque metodológico basado en Aprendizaje-Servicio, el trabajo cooperativo y el aprendizaje experiencial, destacando la colaboración con el IES Escultor Juan de Villanueva y el Centro SOL de Pola de Siero. El objetivo era claro: mostrar que la teoría cobra valor cuando se pone al servicio de realidades concretas y de colectivos que cargan mochilas demasiado pesadas desde edades muy tempranas.




El momento más significativo llegó con la dinámica grupal planteada al final de la exposición. A través de la dinámica: “Aligera la mochila”, los compañeros del máster pasaron de oyentes a protagonistas. Primero, cargamos simbólicamente la mochila con mensajes, creencias y situaciones que representan barreras educativas y emocionales. Después, intentamos aligerarla identificando apoyos, acciones y actitudes que pueden marcar la diferencia en la trayectoria educativa de una persona.

La dinámica cerró con una reflexión compartida que resume el espíritu de la unidad:

“El abandono escolar no empieza cuando un alumno se va, sino cuando la mochila pesa demasiado.”


 




Este espacio permitió trasladar la mirada desde el alumnado destinatario del proyecto hacia nosotros mismos, como futuros docentes y profesionales de la educación. ¿Qué nos pesa? ¿Qué nos ayuda? ¿Qué tipo de profesionales queremos ser cuando alguien llegue a nuestra aula con la mochila ya llena?



La experiencia confirmó que educar no es solo transmitir contenidos, sino crear contextos seguros, inclusivos y significativos donde el alumnado pueda sentirse escuchado, comprendido y acompañado. La exposición del 11 de febrero fue, para mí, una oportunidad para reafirmar que la atención psicosocial no es un añadido, sino una responsabilidad pedagógica y ética.

Salí de la sesión con la sensación de que cuando conectamos desde lo humano, el aprendizaje deja huella. 


¿Estamos preparados para enseñar… o primero necesitamos aprender a acompañar?

1 comentario: