Ayer presenté mi unidad “Sístole y diástole del
almacén: el latido contable en el PGC” y me quedé pensando en una cosa: en
contabilidad, muchas veces el problema no es que el alumnado “no sepa”, sino
que no consigue ver la lógica detrás de lo que hace.
La verdad es que esta unidad me ha llevado muchísimo esfuerzo. Horas de darle vueltas, de probar ideas, de ordenar contenidos y de pensar cómo hacerlo entendible y útil. Y por eso, después de presentarla, me quedé con una sensación muy bonita: me siento orgullosa. No porque esté “perfecta”, sino porque sé todo lo que hay detrás
Por eso, en lugar de empezar con asientos completos,
preparé una dinámica con vídeos cortos tipo microrrelatos: “urgencias en la
empresa”. Historias absurdas (y otras no tanto) sobre inventarios que
desaparecen, facturas “mutantes”, clientes que no pagan o el banco que aprieta…
y también sobre momentos “felices” (aportaciones de socios, premios, ingresos
inesperados).
La clave era una regla muy simple (y muy realista): esto
no va de hacerlo perfecto, sino de identificar rápido qué es lo dominante en
cada historia. En contabilidad real un hecho puede tocar varias cuentas, pero
aquí entrenábamos el criterio: elegir la etiqueta principal en pocos segundos.
Lo hicimos con cartulinas por colores:
- Azul
si lo importante era “qué tengo o qué me deben” (Activo),
- Rojo
si era “qué debo o qué obligación nace” (Pasivo),
- Marrón
si era “qué es de socios o resultado” (Patrimonio Neto).
Y sí… si fallaban, había “penalización” divertida:
posturas tipo pata coja, pirata, mono o gafas con las manos (solo una ronda,
para que no se hiciera pesado).
Lo mejor es que ese toque tonto funcionó: no por la postura en sí, sino porque
convertía lo abstracto en algo rápido y memorable y, además, nos hizo reír.
Al final quise cerrar con algo simple, pero que suma
muchísimo en el aula: les entregué unos diplomas. No es solo “un papel”: es una
forma de reconocer el esfuerzo y dejarles con esa sensación de “he podido”, que
en contabilidad (cuando se atraganta) marca la diferencia.
Al final, me quedo con una reflexión: cuando el
alumnado entiende que la empresa “late”, también entiende que no basta con
vender mucho. De hecho, uno de los cierres que más sentido tiene es este: si
tienes mucho “me deben” pero poco banco, y el pasivo vence… la empresa no se
ahoga por falta de ventas, sino por falta de tesorería.
Gracias a Emilio Álvarez Arregui por el espacio de
presentación y por empujarnos a pensar no solo en contenidos, sino en cómo se
aprenden.
Y, además, quiero agradecer a mis compañeros y compañeras del máster su intervención, el compañerismo y el apoyo constante durante todo el curso: se nota cuando un grupo suma y hace el camino más fácil. ¡¡ Arriba FP!!
Y ahora os pregunto:
¿Qué dinámica os funciona mejor para que el alumnado distinga
Activo/Pasivo/Patrimonio sin memorizarlo ? ¿Algo visual, historias,
casos reales, juego rápido…?
Muy bien
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