martes, 10 de febrero de 2026

Cuando la contabilidad "late": sístole, diástole y criterio.

 

Ayer presenté mi unidad “Sístole y diástole del almacén: el latido contable en el PGC” y me quedé pensando en una cosa: en contabilidad, muchas veces el problema no es que el alumnado “no sepa”, sino que no consigue ver la lógica detrás de lo que hace.

La verdad es que esta unidad me ha llevado muchísimo esfuerzo. Horas de darle vueltas, de probar ideas, de ordenar contenidos y de pensar cómo hacerlo entendible y útil. Y por eso, después de presentarla, me quedé con una sensación muy bonita: me siento orgullosa. No porque esté “perfecta”, sino porque sé todo lo que hay detrás




Por eso, en lugar de empezar con asientos completos, preparé una dinámica con vídeos cortos tipo microrrelatos: “urgencias en la empresa”. Historias absurdas (y otras no tanto) sobre inventarios que desaparecen, facturas “mutantes”, clientes que no pagan o el banco que aprieta… y también sobre momentos “felices” (aportaciones de socios, premios, ingresos inesperados).



La clave era una regla muy simple (y muy realista): esto no va de hacerlo perfecto, sino de identificar rápido qué es lo dominante en cada historia. En contabilidad real un hecho puede tocar varias cuentas, pero aquí entrenábamos el criterio: elegir la etiqueta principal en pocos segundos.

Lo hicimos con cartulinas por colores:

  • Azul si lo importante era “qué tengo o qué me deben” (Activo),
  • Rojo si era “qué debo o qué obligación nace” (Pasivo),
  • Marrón si era “qué es de socios o resultado” (Patrimonio Neto).

Y sí… si fallaban, había “penalización” divertida: posturas tipo pata coja, pirata, mono o gafas con las manos (solo una ronda, para que no se hiciera pesado).


Lo mejor es que ese toque tonto funcionó: no por la postura en sí, sino porque convertía lo abstracto en algo rápido y memorable y, además, nos hizo reír.

Al final quise cerrar con algo simple, pero que suma muchísimo en el aula: les entregué unos diplomas. No es solo “un papel”: es una forma de reconocer el esfuerzo y dejarles con esa sensación de “he podido”, que en contabilidad (cuando se atraganta) marca la diferencia.


                          Pequeños gestos, grandes efectos: diplomas al final de la sesión.



Al final, me quedo con una reflexión: cuando el alumnado entiende que la empresa “late”, también entiende que no basta con vender mucho. De hecho, uno de los cierres que más sentido tiene es este: si tienes mucho “me deben” pero poco banco, y el pasivo vence… la empresa no se ahoga por falta de ventas, sino por falta de tesorería.

Gracias a Emilio Álvarez Arregui por el espacio de presentación y por empujarnos a pensar no solo en contenidos, sino en cómo se aprenden.

Y, además, quiero agradecer a mis compañeros y compañeras del máster su intervención, el compañerismo y el apoyo constante durante todo el curso: se nota cuando un grupo suma y hace el camino más fácil. ¡¡ Arriba  FP!!

Y ahora os pregunto:


¿Qué dinámica os funciona mejor para que el alumnado distinga Activo/Pasivo/Patrimonio sin memorizarlo ? ¿Algo visual, historias, casos reales, juego rápido…?

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