El pasado día 12 presenté ante mis compañeros del Máster mi diseño de Unidad de Programación titulada “Preparación Psicofísica para la Escena”, dirigida a 1º de Bachillerato en la materia de Artes Escénicas I.
Esta propuesta nace de una necesidad muy concreta que he observado en el aula: el alumnado suele asociar “actuar” con exponerse emocionalmente sin herramientas de protección ni preparación. Sin embargo, en cualquier disciplina artística —y especialmente en las artes escénicas— el cuerpo y la voz son el instrumento principal de trabajo, y como todo instrumento, necesitan ser afinados.
La unidad se plantea como un proceso de alfabetización psicofísica. No se trata simplemente de hacer un calentamiento antes de una escena, sino de aprender a identificar tensiones, gestionar la ansiedad y activar de forma consciente el cuerpo y la voz. En definitiva, pasar de la inhibición a la disponibilidad escénica.
Metodológicamente, la propuesta se basa en un enfoque activo e inductivo. El alumnado experimenta primero y reflexiona después, siguiendo la técnica de la “bola de nieve”: tras cada ejercicio físico hay un momento de análisis individual, que posteriormente se comparte en parejas y finalmente en grupo. De esta manera, el aprendizaje no se impone, sino que se construye desde la experiencia personal.
La unidad se estructura en cuatro fases progresivas. En las primeras sesiones trabajamos el análisis corporal y la respiración consciente, herramientas fundamentales para la gestión de la ansiedad escénica. Posteriormente, introducimos dinámicas de activación energética —como el shaking y el trabajo de niveles de energía— que permiten transitar del estado cotidiano a la presencia escénica. En la tercera fase integramos la voz a través de praxias y ejercicios de proyección, entendiendo la palabra como una extensión del cuerpo. Finalmente, el alumnado aprende a ejecutar de manera autónoma una rutina completa de preparación.
Uno de los aspectos que considero más relevantes es la conexión con la realidad profesional. Esta unidad traslada al aula de secundaria el rigor del entrenamiento actoral propio de enseñanzas superiores, pero adaptado a su etapa evolutiva. Además, incorpora principios de sostenibilidad y autocuidado: cuidar la voz, respetar los límites corporales y prevenir lesiones son aprendizajes esenciales para cualquier futuro profesional de las artes escénicas.
La evaluación, lejos de centrarse en un resultado final, se entiende como un proceso continuo de observación y autorreflexión. A través de un diario de entrenamiento digital, el alumnado toma conciencia de su evolución corporal y emocional, fomentando así la autonomía.
En definitiva, esta unidad no solo prepara al alumnado para interpretar una escena, sino que les proporciona herramientas transferibles a cualquier situación de exposición pública: una presentación oral, una entrevista o cualquier contexto que requiera seguridad y presencia. Porque antes de crear, hay que afinar el instrumento. Y en las artes escénicas, el instrumento somos nosotros mismos.
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